(Ilustración de Lina Dudaite)
viernes, 16 de diciembre de 2011
miércoles, 14 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
SOBRE GUARDAR SILENCIO Y HABLAR (Reflexión)
Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.
Extractos del libro “Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio” de KENT NERBURN.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.
Extractos del libro “Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio” de KENT NERBURN.
sábado, 10 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
Última lluvia de estrellas del año 2011
Para contemplar este espectáculo los astrónomos recomiendan alejarse de puntos lumínicos, como las ciudades, y mirar hacia el Este. (Revista Muy Interesante) |
jueves, 8 de diciembre de 2011
miércoles, 7 de diciembre de 2011
PROFESORES
Confundir horas lectivas con horas de trabajo no es gratuito, es una manera de contribuir al lugar común de que los profesores trabajan poco. Tampoco es nuevo: siempre que se trata de estrechar los derechos laborales en la enseñanza alguien deja caer, como de manera inocente, que los docentes de la educación pública gozan de más ventajas que el resto de los trabajadores. Por más que se informe sobre los desafíos a los que se enfrenta un profesor en nuestros días, siempre habrá un buen ciudadano que llame a la radio o escriba al periódico para informar, por ejemplo, de las largas vacaciones que disfrutan los maestros. Es un clásico. A los políticos se les llena la boca con que no hay inversión más útil en nuestro país que la destinada a educación, hasta que un día se ponen a hacer números y empiezan por ahí: prescindiendo de interinos y poniendo sobre los hombros de cada trabajador dos horas más.
Explicar que ser profesor no consiste solo en dar clase debería de ser innecesario. ¿Qué consideración se les tiene a los docentes si se extiende esa idea? El profesor enseña, pero también corrige, ha de preparar sus clases, perder un tiempo precioso en absurdos requerimientos burocráticos y, en ocasiones, hacer labores de trabajador social. La educación requiere ahora más energía que nunca y no es infrecuente que el enseñante desarrolle patologías físicas o psíquicas. Su trabajo cansa, es más duro que muchos de los trabajos que nosotros realizamos. Los niños y los adolescentes son grandes devoradores de la energía adulta. Los escritores que hemos visitado colegios e institutos lo sabemos: dos horas dando una charla ante una vampírica muchachada te dejan para el arrastre.
¿Cómo pretenden los responsables del injustificable derroche autonómico que se comprenda que el sacrificio ha de comenzar por los que ya están sacrificados?
(Elvira Lindo EL PAÍS 7/12/2011)
lunes, 5 de diciembre de 2011
domingo, 4 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
Somos los viajeros de una travesía cósmica,
Polvo de estrellas danzando y girando
En las corrientes y los torbellinos del infinito.
La vida es eterna, pero las expresiones de la vida
Son efímeras, momentáneas, transitorias.
Nos hemos detenido momentáneamente
Para encontrarnos unos a otros,
Para conocernos, amar y compartir.
Este es un momento precioso pero transitorio.
Es un pequeño paréntesis en la eternidad
Si compartimos con cariño, alegría y amor,
Crearemos abundancia y alegría para todos
Y entonces este momento habrá valido la pena.
Deepak Chopra
viernes, 2 de diciembre de 2011
SOY - Jorge Luis Borges
Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo)
del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra.
Soy eco, olvido, nada.
Soy eco, olvido, nada.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Así es la vida
Y no nos la podemos perder

ASÍ ES LA VIDA
(Ana-Luisa Ramírez, Carmen Ramírez)
(Ana-Luisa Ramírez, Carmen Ramírez)
En la vida, hay veces que deseamos cosas... y las conseguimos.
Pero también hay veces que, por más que persigamos algo con todas nuestras fuerzas o incluso lo necesitemos muchísimo, no hay forma de conseguirlo.
A veces deseamos darnos un fabuloso baño jugando con el agua bajo el sol del verano y ...¡lo conseguimos!
Pero otras veces -precisamente cuando más nos gustaría hacerlo-, pillamos un molesto resfriado que nos obliga a cambiar de planes. Así es la vida.
A veces, deseamos que nos hagan el regalo que más ilusión nos hace y...¡lo conseguimos!
Pero otras veces, cuando más convencidos estamos de que lo que vamos a recibir, nos regalan justo lo que menos nos podía ilusionar, o ni siquiera eso: nada. Así es la vida.
A veces deseamos ser la mar de guapos, de listos, de divertidos y agradables con la gente y ... ¡lo conseguimos!
Pero otras veces tenemos el día tonto y nos sentimos torpes, horribles, estamos de mal humor, nos ponemos desagradables o metemos la pata. Así es la vida.
A veces deseamos que alguien nos quiera mucho mucho, que nos cuide, que nos mime y ... ¡lo conseguimos!
Pero otras veces, precisamente cuando más estamos necesitándolo, no aparece nadie y nos sentimos muy muy solos. Así es la vida.
A veces deseamos ver recompensado ese gran esfuerzo que hemos hecho y... ¡lo conseguimos!
Pero otras veces, en el último momento de nuestro largo esfuerzo, ocurre algo inesperado y ya nada sale como queríamos. Así es la vida.
A veces desearíamos que lo más agradable y hermoso que nos está ocurriendo, no se terminara jamás. Pero todo -lo mejor, lo peor y lo regular-, un día se acaba y las cosas cambian. Así es la vida.
Siempre deseamos que las personas a las que queremos no desaparezcan nunca.
Pero siempre ocurre que, tarde o temprano, todos dejamos esta vida. Algunos desaparecen cuando ya son muy viejitos, otros cuando aún son jóvenes e incluso otros, cuando todavía son niños. Así es la vida. (Y la muerte).
Pero si un molesto resfriado no te permite el baño, quizá sea el momento de descubrir lo bien que sabes pintar.
Y si te han hecho el regalo más espantoso e inútil del mundo, quizá consigas poner a prueba tu ingenio y convertir en útiles los trastos más inservibles.
Y si un día te sientes torpe, horrible, de mal humor, desagradable y metepatas, quizá estés en la situación ideal para quedarte un ratito a solas y aprender a hablar contigo.
Y si, cuando más estás necesitando los mimos y cuidados de esa persona, resulta que no aparece, quizá puedas escribirle la mejor carta de tu vida.
Y si después de un enorme esfuerzo ocurre lo inesperado; si aquello tan agradable y hermoso sale mal o se termina y todo cambia, quizá en el cambio te encuentres con cosas nuevas, diferentes, pero igualmente agradables, hermosas y además por estrenar.
Y si te ocurre que una persona a la que quieres muere, quizá necesites llorar, sentir dolor, tristeza y hasta una rabia feroz; pero después, tal vez encuentres el más amable lugar donde colocar a esa persona en tu memoria. Y, seguramente, desde ese lugar te acompañará siempre.
Cuando aun poniendo nuestras mejores intenciones, las cosas no salen como deseamos, quizá tengamos que pegarle una patada de rabia, dolor o tristeza a la vida y dejarla como un puzzle desmontado. Seguro que después encontramos otra forma de montarlo.
Así es la vida y...¡NO NOS LA PODEMOS PERDER!
Pero otras veces -precisamente cuando más nos gustaría hacerlo-, pillamos un molesto resfriado que nos obliga a cambiar de planes. Así es la vida.
A veces, deseamos que nos hagan el regalo que más ilusión nos hace y...¡lo conseguimos!
Pero otras veces, cuando más convencidos estamos de que lo que vamos a recibir, nos regalan justo lo que menos nos podía ilusionar, o ni siquiera eso: nada. Así es la vida.
A veces deseamos ser la mar de guapos, de listos, de divertidos y agradables con la gente y ... ¡lo conseguimos!
Pero otras veces tenemos el día tonto y nos sentimos torpes, horribles, estamos de mal humor, nos ponemos desagradables o metemos la pata. Así es la vida.
A veces deseamos que alguien nos quiera mucho mucho, que nos cuide, que nos mime y ... ¡lo conseguimos!
Pero otras veces, precisamente cuando más estamos necesitándolo, no aparece nadie y nos sentimos muy muy solos. Así es la vida.
A veces deseamos ver recompensado ese gran esfuerzo que hemos hecho y... ¡lo conseguimos!
Pero otras veces, en el último momento de nuestro largo esfuerzo, ocurre algo inesperado y ya nada sale como queríamos. Así es la vida.
A veces desearíamos que lo más agradable y hermoso que nos está ocurriendo, no se terminara jamás. Pero todo -lo mejor, lo peor y lo regular-, un día se acaba y las cosas cambian. Así es la vida.
Siempre deseamos que las personas a las que queremos no desaparezcan nunca.
Pero siempre ocurre que, tarde o temprano, todos dejamos esta vida. Algunos desaparecen cuando ya son muy viejitos, otros cuando aún son jóvenes e incluso otros, cuando todavía son niños. Así es la vida. (Y la muerte).
Pero si un molesto resfriado no te permite el baño, quizá sea el momento de descubrir lo bien que sabes pintar.
Y si te han hecho el regalo más espantoso e inútil del mundo, quizá consigas poner a prueba tu ingenio y convertir en útiles los trastos más inservibles.
Y si un día te sientes torpe, horrible, de mal humor, desagradable y metepatas, quizá estés en la situación ideal para quedarte un ratito a solas y aprender a hablar contigo.
Y si, cuando más estás necesitando los mimos y cuidados de esa persona, resulta que no aparece, quizá puedas escribirle la mejor carta de tu vida.
Y si después de un enorme esfuerzo ocurre lo inesperado; si aquello tan agradable y hermoso sale mal o se termina y todo cambia, quizá en el cambio te encuentres con cosas nuevas, diferentes, pero igualmente agradables, hermosas y además por estrenar.
Y si te ocurre que una persona a la que quieres muere, quizá necesites llorar, sentir dolor, tristeza y hasta una rabia feroz; pero después, tal vez encuentres el más amable lugar donde colocar a esa persona en tu memoria. Y, seguramente, desde ese lugar te acompañará siempre.
Cuando aun poniendo nuestras mejores intenciones, las cosas no salen como deseamos, quizá tengamos que pegarle una patada de rabia, dolor o tristeza a la vida y dejarla como un puzzle desmontado. Seguro que después encontramos otra forma de montarlo.
Así es la vida y...¡NO NOS LA PODEMOS PERDER!
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