(Ilustración de Lina Dudaite)

martes, 1 de febrero de 2011

“No pago alquiler ni facturas y lo poco que tengo es sagrado”. La historia de una mujer que ha simplificado su vida para poder ser más libre y acompañar a sus hijos


“Cuanto más valoro lo que me rodea, más rica me siento. También necesito el silencio, la naturaleza -veo las estrellas a través de la cúpula y me nutre oír al grillo y al búho-, la armonía con los demás, sentirme querida tal y como soy y amar incondicionalmente. La yurta, de hecho, es una parte de mi camino”
“Yo me pregunté qué era lo primero. Y si lo primero son los hijos y estás ocupada y nerviosa, se debilita la calidad de atención. Debía encontrar el modo de tener TIEMPO PARA ESTAR CON ELLOS. Esto te lleva a una crisis con el sistema consumista. Hay que aprender a reducir gastos”
“Yo me he animado a vivir en la naturaleza, porque es donde estoy bien. Pero también creo que ESTE SISTEMA ECONÓMICO NOS ALEJA DE LAS AUTÉNTICAS NECESIDADES. ¿Lo que realmente necesita el niño son tantos juguetes? ¿O precisa un entorno familiar tranquilo y atento?”
Aunque la mayoría tendemos a seguir la inercia social de nuestro entorno y creemos que es difícil-imposible salir del círculo hipoteca-coche-trabajo a destajo-aparcar a los hijos en guarderías/colegios larguísimas horas, la realidad es que no existe un único modelo de vida obligatorio y que las personas que realmente quieren, pueden DESERTAR encontrar su propio camino.
Por eso considero importante el ejemplo de Esther Montmany quien lleva una vida LIBRE, plena y con el grado de confort que ella ha decidido (y tiene ordenador¡¡) en una tienda mongola de 4.000 euros en Alicante (España).
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